February 09, 2007

Why I help

Una explicación incompleta del porqué de mis acciones

Ayudo porque puedo, y ayudo porque me gusta.

Creo que la primera vez que fui voluntario para hacer algo bueno, fue misiones en mi primer semestre en el Tec. Mi primera semana santa en Mexico me la pasé en el desierto de Coahuila en un pueblo erguido sobre el polvo. La verdad fui sin saber qué era, y ahorita voy a explicar el porqué fui. Era como mi segunda semana ahi en el Tec, y eran las inscripciones al servicio social. Yo como estudiante de primer semestre, supuestamente no debí haber ido, porque no se me permite hacer servicio social tan temprano en mi carrera. Pero pensé: Aún no tengo ningún plan para semana santa, y por el momento lo mejor que se me ocurre es ir con este grupo de personas de misiones a ayudar con la labor de Dios (sí, en aquellos entonces era bastante más devoto), y también voy a conocer nueva gente. Así que pagué los ciento y pico de dólares que costaba, y me tocaba ir a unas sesiones todos los domingos como a las 9 de la mañana, lo cual para mí de por si ya era un gran sacrificio.

Llegó semana santa, y me enviaron a La Unión, Cuahuila. Era un lugar extremadamente pobre. Era el lugar más pobre en el que había estado. Las casas eran como de adobe, no había electricidad ni servicio de agua, y solamente había un telefono en todo el pueblo. Era un lugar completamente olvidado por la sociedad. Los hombres del pueblo se dedicaban a la producción de candelilla, la cual es una especie de cera que se extrae de una planta. Pero para extraerla, tenían que hervir la planta en ácido y muchos otros químicos, que básicamente los mataba lentamente. Lo peor de todo es que la candelilla la vendían a precios demasiado bajos.

Y sin embargo mucha gente moría por su pueblo, y luchaban por sobrevivir y superarse a pesar de las adversidades. Los padres de sus hijos se mataban trabajando para que ellos recibieran una educación decente, y se peleaban con la Secretaría de Educación para que les mandara una profesora competente.

A mi me habían asignado a dar catequesis a los señores del pueblo. Sin embargo, ellos se pasaban el tiempo trabajando fuera del tiempo, asi q la mayor parte del día me la pasaba jugando con los niños. Trabajar con ellos me motivo a seguir trabajando con niños en mis futuros voluntariados.

Hice un montón de buenos amigos, y aunque no hablo ni los veo tan seguido como quisiera, me han ayudado bastante a través de los años.

Me gustó tanto mi primera experiencia de misiones, que la siguiente semana santa, también me fui de misiones. Esta vez a Compuertas, Tamaulipas. Este pueblo era mucho más desarrollado que La Union. Tenían muchas más cómodidades y hasta pasaba una carretera a través del pueblo.

Sin embargo, despues de mi experiencia en La Unión, sabía que lo que quería hacer era trabajar con los niños. Posteriormente explicaré porqué. Todos los días me despertaba temprano para ir a jugar con los niños, hacer dinámicas, y nomás ser uno más de ellos. Esto como hasta las 6 de la tarde que nos tocaba efectuar la celebración (no era misa por ausencia de un padre que la oficiara). Entonces despues de la misa todavia me quedaba jugando cn los niños, hasta que se oculataba el sol. Despues ya mis compañeros se quedaban con los jovenes, las señoras y los señores en pláticas, y yo me iba a dejar a los niños a sus respectivas casas para que durmieran. Luego me iba yo a cenar y a dormir hasta el siguiente día, porque sino me mataban del cansancio los niños (que energía tenían!!).

Y bueno, mis experiencias de las misiones son de las más gratificantes que he tenido en mi vida. Osea, vas a un pueblo bien pobre, alejado del mndo, y vas a ayudar a la gente. Y ellos te ven como no sé, un ángel que les llega a ayudar casi casi. Uno puede ver en sus expresiones, en las atenciones que le tienen a los misioneros que la gente está realmente agradecida con uno. Y ese sentimiento te llena. Antes de las misiones creo que nunca me había sentido así, y creo que nunca me he vuelto a sentir así después tampoco. Pero es ese sentimiento que les estas ayudando y que si haces una diferencia el que te alegra.

Aparte de ser un sentimiento gratificante, uno también puede apreciar lo bueno que es la vida de uno. Muchas veces sentimos que nuestra vida apesta, y lo que sea. pero una experiencia así, pone tu vida en perspectiva, y te muestra que hay muchísmia gente necesitada, y cualquier ayuda que les puedas brindar es agradecida. Es asombroso, porque la gente es tán agradecida que casi casi se quitan el bocado de la boca para dartelo a vos. Todo lo mejor que tienen te lo ofrecen, por más húmilde que sea. Y es de admirar. Cuanta gente no hay que a pesar de tener mucho es egoista, y avara.

Ahora bien: ¿Por qué me gusta trabajar con los niños? Porque aunque suene como un cliché, ellos son el futuro. Si pasan su niñez en un mundo injusto, cruel y negativo, ¿en qué se van a convertir cuando crezcan? Ellos no tienen la culpa, y no han escogido el mundo al que nacen. Es como una ruleta: a algunos les toca bien, a otros mal. Afortunadamente me tocó bien a mi. No me falta comida, no me falta un techo, no me falta educación, y gracias a Dios tampoco me falta un miembro o movilidad en mi cuerpo o salud. Y no es que me sienta culpable, o me sienta mal. Simplemente creo que los niños merecen ser felices. Y yo sé que lo que he hecho hasta el momento, no es mucho, pero es algo. Y osea, los niños son tan transparentes e inocentes. Talvez por eso se siente mejor que con los adultos. Si te ganas la sonrisa de un niño, sabes que esa sonrisa viene del corazón. Los niños ni siquiera entienden el concepto de la hipocresía. Si te quieren, te buscan, te sonríen (y te molestan - ouch!), y si te odian, pues te hacen mala cara, no te hablan, te ignoran, y te pegan, pero con odio. En fín, casi inmediatamente sabes si lo que estas haciendo les gusta o no.

Despues de misiones también he ayudado en un hogar de niños, y en Funter (niños discapacitados). Y la verdad, verlos a ellos, te inspira. Simplemente los tienes que admirar (y van a disculpar) por los huevos que tienen. Osea, son niños a quienes la vida les puso monolítos en su camino, y ellos luchan por superarlos. Por veces los ves a los ojos y les ves esa determinación, ves que estan llenos de vida, que tienen un algo, un fuego, ganas de vivir. Y es envidiable.

OK, despues de mis primeras experiencias descubrí que ayudar a los demás se siente bien. Me gusta ayudar, porque de cierta manera, me llena. Y me gusta cuando estoy ayudando de verdad. Yo sé que mis aportes son como tratar de curar una hemorragia con una curita, pero está bien. Espero algún día poder ayudar más. Y no, no solo ayudo para seguir mis propios objetivos egoistas, y mucho menos para que otras personas me vean que estoy haciendo algo bueno (porque como odio a los filántropos y gentes asi que ayudan solo para que los vean, o para hacer vida social).

Y si, soy sincero: tengo muchos rincones oscuros los cuales nunca has visto. Y tampoco pretendo ocultarlos.